martes, 28 de agosto de 2012

¡Ay, las mamás!

"Nos vemos a la salida", soltó cuando iba sentándose, después de que la regañó la maestra. No era la más grande del salón, pero se veía maciza y era ruda.
Mi pecado había sido no soplarle bien la respuesta en la clase de inglés de segundo año de secundaria.  Su pecado era haberse creído que mi apodo era cierto: "enciclopedia ambulante" me decían cada vez que podían y no era un elogio.
En fin, no podía escabullirme de semejante compromiso, me adelanté y me escondí. Llegó con cinco niñas más (la escuela era sólo para mujeres). Si sola me daba miedo, con cinco más definitivamente se me hicieron de chicle las piernas. Pasaron algunos minutos y comenzaron a cansarse de esperar, tomé aire, así fuertemente mi mochila cargada de libros y corrí como loca hasta donde estaba, alcé la bolsa y se la sorrajé en la cara.
No me detuve, seguí corriendo como alma que lleva el diablo hasta mi casa. Lo que pasó con ella no lo sé, pero puedo imaginarlo: era miércoles, no fue jueves ni viernes a la escuela y el lunes llegó con la cara un poco morada, por decir lo menos. Nunca más volvió a meterse conmigo y nunca más volví a pelear (si así se le puede llamar) en la escuela. Eso sí, siempre recé para que su mamá no fuera, nunca, a quejarse con la mía porque se me iba a armar en serio.
Es la primera vez que cuento esta historia. Casi 30 años después, mi mamá no lo sabe y no sé si voy a contárselo ahora, porque estoy segura de que no me voy a salvar de un jalón de orejas, por lo menos... y entonces, además, me habría dado dos o tres zapes y me habría obligado a disculparme con la acosadora. Y me acordé tanto de ella anoche...
***
Empezaba a cuajarme cuando unos gritos destemplados me arrancaron del aletargamiento.
"¡¡¡PERROS!!!, ¡¡¡ANIMALES!!!, ¡¡¡BESTIAS DE SATANÁS, DEJEN DE PELEAR!!!"...
Contraviniendo cualquier precaución, abrí la ventana y me asomé. En la misma acera de mi casa, pero cruzando la calle, un grupo de muchachos se tundía en serio. Eran como 20 chamacos (es un decir, fácilmente tenían más de 20 años, pero menos de 30) dándose hasta con la bolsa, porque la bola incluía a varias jovencitas....
Estaban en lo suyo, partirse la madre, mientras mi vecina gritaba como loca, pero no le hablaba a la patrulla. Ella es mamá, pero ninguno de sus hijos vive allí. Ahora entiendo por qué...
El encontronazo de cruzando la calle seguía a todo y de entre el amasijo de brazos, puños, piernas, cabezas y bolsas se desprendió un muchacho que corrió a apretar el botón de pánico que está en la esquina.
Mi vecina seguía gritando como loca, el joven regresó a la bola y antes de terminar de contar 30 segundos llegó la primera patrulla. Le siguieron otras varias y entre todos separaron a los muchachos.
Mientras varios agentes operaban para apartarlos, uno de los peleoneros se acercó a un agente y metió la mano a la bolsa trasera del pantalón, en un amago de sacar un billete ... Con sus manitas atrás lo tomaron del cinto y lo echaron a la camioneta.
Y empezó el desfile de chamacos: en una camioneta los jóvenes, en otra las jóvenes.
Habían pasado casi 45 minutos de jaleo y sólo cuando estaban detenidos aparecieron algunas señoras a pedir por sus hijos: "ándele, no sea malito, déjelo ir, él es buen muchacho, nunca hace esto, por favor", rogaban las señoras....
Mientras las veía de pedigüeñas, me pregunté por qué no bajaron a llevarlos de las patillas a sus casas y los llamaron al orden; por qué no les pegaron tres gritos para evitar el jaleo, en vez de pedir que los dejaran ir, para que otro día pudieran volver a las andadas...
Y ya si no es mucho pedir, por qué no los llevaron, al día siguiente, casa por casa, a disculparse con los vecinos por no dejarlos dormir (digo, uno trabaja y se levanta temprano y le gusta dormir bien).
***
Y mientras me quejo, me parece de pronto que lo que pasa en mi esquina es un reflejo fiel de lo que pasa en el país, en general...
Algunos metiches nomás miramos, otros gritan desesperados y no hacen nada y las mamás salen a defender a sus chamacos que no supieron educar para que no se metieran en líos...
A propósito, ¿dónde andará la mamá de Genaro García Luna, para que lo saque del rincón donde está escondido y que lo ponga a darnos una explicación por todo lo que pasó el fin de semana (si se puede, mejor por el sexenio) y a disculparse por la mala calidad de su gestión?

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