En política unas veces se gana y otras veces se pierde, pero la
derrota genera un duelo que, de acuerdo con los especialistas, nubla el
entendimiento y provoca ira y depresión.
El duelo es la reacción ante las pérdidas. “Cualquier pérdida de algo
significativo, un trabajo, un puesto político (…)”, explica el
tanatólogo Mario Guerra.
Perder en política es igual a “una mordida que no se les quita” a los
contendientes, considera Héctor Llerena, especialista en marketing
político.
El malestar se profundiza debido a la personalidad narcisista de los
actores políticos, “que les hace querer ser el centro de atención y,
cuando pierden el escenario, el malestar físico es insoportable. El
cuerpo duele. No se pueden levantar porque la caída de dopamina –un
neurotransmisor que nos lleva lo mismo a la felicidad que a la ira– y de
adrenalina, que hasta un minuto antes producía el cerebro, los
desequilibra”, explica Eduardo Calixto, neurofisiólogo e investigador de
la UNAM.
Esa sensación es inevitable, porque “no tenemos un switch en el
cerebro para apagar la generación de neurotransmisores”, redondea
Calixto.
En política, la parte humana y emocional tiene que dejarse a un lado
por lealtad al partido, por dar la apariencia de que están unidos, por
mantenerse en el sistema; sin embargo, no es sano.
En una ruptura de pareja puedo expresar mis emociones como quiero,
explica Mario Guerra, pero los políticos tienen que salir muy alineados y
tragarse las emociones –resentimiento, envidia, enojo, tristeza,
decepción– mientras le alzan la mano a quien ganó.
Por si fuera poco, “no puedo decir abiertamente lo que siento ni a mi
familia, porque usamos el mecanismo de defensa ‘al fin que ni quería’.
Y, si no encontramos con quién hablar de lo que sentimos, el malestar
puede recrudecerse”, dice Mario Guerra.
SISTEMA DE FRENOS
En el duelo, el dolor es directamente proporcional a las expectativas de ganar.
Cuando los políticos se involucran en un proceso como las elecciones,
“su cerebro va liberando dopamina. Entre mayor es la expectativa, más
duele perder, porque el cerebro reclama el objeto que generó ese
neurotransmisor que me hace tener sensaciones muy placenteras”, explica
Calixto.
Reponerse de un golpe emocional así toma tiempo. Eduardo Calixto
afirma que el cerebro se equilibra en un periodo de 21 días a seis
meses. Para Mario Guerra, hay casos que tardan hasta dos años.
Para el psiquiatra clínico Gonzalo Alemán, “el desajuste puede darse
dependiendo de cómo está el individuo. Si es suficientemente adulto, que
sabe que puede perder y asume que son los riesgos de la democracia,
tendrá un duelo exitoso sin ayuda de chochos y puede recuperarse
totalmente en tres meses”.
Héctor Llerena, especialista en marketing político, dice que “a
algunos candidatos se les va la vida (en la contienda electoral), otros
ya saben que no van a llegar o incluso ya saben que pueden negociar. Los
políticos profesionales tienen que preparar el escenario por si
pierden”.
CON LA BOCA SUELTA
“Con la derrota, el sistema límbico, relacionado con la memoria, los
instintos y las emociones, toma el control de los individuos y su
cerebro los traiciona en algún momento. En momentos así, todos terminan
cayendo”, afirma el neurofisiólogo.
Y todo lo que se dijeron “se les regresará como un búmeran, el daño
que se hicieron va a producir efectos en quienes dañaron, porque ya van a
estar en posibilidad de vengarse. Y, por otro lado, se van a dar cuenta
de todo lo que dijeron cuando la adrenalina y la dopamina dominaban su
cerebro porque, entre más adrenalina y más dopamina menos capaces somos
de pensar, se desconecta la parte pensante del cerebro”.
Presas de las emociones y sin poder llorar, los políticos sonríen
para la cámara. “Eso es trágico a nivel humano. Lo hacen en bien del
partido, del sistema, del colectivo. Se sacrifica mucho a la persona
porque tengo que mandar el mensaje de que estamos unidos, de que los
poderosos apoyamos al elegido, pero se sacrifica mucho al individuo, que
tiene que tragarse el veneno. Es muy denigrante, como si el boxeador
tuviera que levantarle la mano al ganador después de la tranquiza”, dice
Guerra.
LA QUINTA COLUMNA
“La política es el arte de comer mierda y sonreír, pero hay maneras
dignas de hacerlo. No recuerdo, excepto a Cuauhtémoc Cárdenas. Él es
opositor, pero sabe cuándo apoyar y cuándo decir que no. Eso le da
solvencia moral. Y muy pocos políticos lo hacen, porque están pensando
cómo tejer alianzas para meterse en un equipo”, explica Héctor Llerena.
Desde la perspectiva de Gonzalo Alemán, recibir un premio de
compensación ayuda. Pero ser parte del equipo sin procesar el duelo es
un arma de dos filos.
El perdedor puede alegrarse del fracaso del otro o,
inconscientemente, “provocar que el trabajo no sea tan fructífero por no
dar el total porque estoy resentido”, dice Mario Guerra.
Gente como Santiago Creel, dice Guerra, después de la derrota vuelve
al sitio de donde se despidió con actitud de “no pasa nada”, pero “hay
una sensación de inadecuación que no es sana”.
Lo malo es que “sí queda resquemor. Yo quiero ver qué va a pasar el 2
julio si Josefina pierde o aun si gana. Allí estarán mezclados los que
fueron adversarios descarnados. Cordero fue muy agresivo, le sacó temas
hasta agraviantes (…), pero va a tener que seguir trabajando con ella.
Si ella no gana, va a cargar con el odio de quienes se subieron a su
equipo”.
Para Llerena, “se vale pelear, pero la vida es llevadera si se llega a
acuerdos. Los acuerdos tendrían que regir en la política, deberían ser
la dosis de congruencia, considerando que los políticos tienen que
responderle a la gente”.
UNA PROPUESTA ALTERNATIVA
PLAN B
EL SECRETO ESTÁ EN APRENDER A NEGOCIAR
Cualquier persona que entra en una contienda se arriesga a perder.
“Nadie quiere pensarlo, pero siempre es bueno mantener el contacto con
la realidad y ser consciente de que eso puede suceder”, aconseja Mario
Guerra.
Pero eso no pasa siempre con los políticos. “Cada vez me los
encuentro menos, pero tiene que ver con los que crecieron en esto de que
dicen que si lo creemos todos se vuelve realidad”, informa Héctor
Llerena.
Es responsabilidad de los consultores, dice, acercarlos a la
realidad. “Yo les aconsejo que tengan un plan B, un plan C, porque su
vida no se acaba el día de la elección ni empezó el día del arranque de
campaña”.
Coinciden en la pertinencia de que alguien cercano les recuerde que
son personas con historia y que van a seguir escribiendo ésta después
del día de la elección.
“Los políticos saben que pueden negociar o saben que, aunque pierdan,
tienen una ganancia secundaria. Hay quienes se suben a la contienda
para mantener el registro del partido o para obtener más votos. Para
algunos, la ganancia está en conquistar al doble de votantes, aunque
sean 10 personas”, dice Héctor Llerena.
El chiste es ponerse una meta y seguirla fijamente, trabajar en ese
camino y “entender desde dónde quieren empezar si pierden: pueden
empezar de cero o construir algunas bases. Hacer un plan B los ayuda a
posicionarse y llegar, aun en la derrota, a un buen sitio”, concluye.
NEUROTRANSMISORES
EL TRIÁNGULO DORADO DE LAS EMOCIONES
Dopamina, adrenalina y serotonina son sustancias que se generan en el
cerebro. Están encargadas de las subidas y bajadas emocionales de
cualquier persona y de ellas dependen las sensaciones de bienes¬tar y
enfado.
“Los aplausos hacen que el político que está al centro del escenario quiera repetir el mismo auditorio –dice Calixto–.
Si el auditorio se vacía o si no junta la cantidad de gente que
espera, el cerebro lo percibe y empieza el bajón”, que puede volverse
depresión, si pierden.
“El mundo político es duro, la competencia es despiadada, les
convendría tomar terapia (…) para procesar el estrés que está sembrado
en el camino”, considera el psiquiatra clínico Gonzalo Alemán.
Héctor Llerena recomienda a sus clientes que se desconecten del mundo
en cuanto acaba la contienda, “ganan o pierdan, lo más sano es que se
olviden de que el mundo existe”.
Durante la contienda, Mario Guerra asegura que los políticos dejan la
terapia. “Si pierden, seguro los vas a tener de regreso, pero si ganan,
se olvidan por completo de que exististe en su vida”.
CONSEJOS PARA ENFRENTAR LA DERROTA
Para Álvaro Gordoa, consultor en imagen, la realidad es más fácil de
aceptar para todos si los políticos que pierden aceptan el resultado. El
trago es menos amargo si se tiene la altura de reconocer que “perdiste.
Los discursos para culpar a otros son infinitos, pero siempre hay un
ganador y un perdedor”. Los candidatos lo saben y los votantes también,
asegura Gordoa.
Felicitar al ganador es un gesto directamente proporcional al
liderazgo del candidato y es la base de las reglas de la democracia.
Gordoa recomienda agradecer el esfuerzo de quienes acompañaron en el
proceso. Durante una campaña electoral son muchas las personas que
invierten su tiempo, su ilusión y su esfuerzo. Sea cual sea el resultado
merecen un agradecimiento. Y se debe hacer de manera asertiva: di tres
cosas buenas de tu equipo antes de decir una mala.
Hablar con el corazón humaniza a los políticos. La derrota hace
aflorar muchas emociones y no es conveniente ocultarlas y parecer de
cartón.
Por último, aconsejan todos los especialistas, vale la pena recordar
que el futuro del país es más importante que el futuro de una persona.
“Que se aseguren de que su discurso apele a la unidad. Que ofrezcan su
trabajo por el bien común y calmen a sus seguidores con sus palabras”.
Recuerden: en política, como en la vida, unas veces se gana y otras
veces se pierde.
MANUEL CAMACHO SOLÍS
LA SORPRESA DOLOROSA
El 23 de noviembre de 1993, el PRI anunció que su candidato a la
Presidencia era Luis Donaldo Colosio; Manuel Camacho Solís esperaba el
nombramiento y se negó a felicitarlo. Por primera vez en la historia de
México, un aspirante hizo público su descontento.
“Mi derrota más fuerte en toda mi carrera política fue cuando no gané
la candidatura presidencial del PRI”, reconoce Manuel Camacho Solís,
quien se había preparado para ser candidato durante años.
Después del golpe, Camacho renunció al Departamento del Distrito
Federal, pero Carlos Salinas de Gortari lo nombró Secretario de
Relaciones Exteriores.
No obstante, ante el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional en Chiapas, el 1 de enero de 1994, Camacho fue nombrado
Coordinador para el Diálogo.
“Cuando no gané, no hablé con nadie, porque sabía que los comentarios
tendrían jiribilla; no son con buena intención ni toman en serio lo que
sientes”, recuerda Camacho Solís.
XÓCHITL GÁLVEZ
UNA VIDA FUERA DE LA POLÍTICA
Xóchitl Gálvez, hoy candidata al Senado por el PAN, por ejemplo,
recuerda que, cuando perdió la gubernatura de Hidalgo, salió
“fortalecida y le di la vuelta porque no vivo de la política. Mi vida no
depende de un puesto en el gobierno. Regresé a mi empresa a seguir
siendo quien siempre he sido, a trabajar en lo que me hace ilusión. Yo
puedo seguir haciendo cosas desde la vida personal”.
Sin embargo, reconoce que durante la campaña el desgaste emocional
fue difícil, “sobre todo, para mi marido”. Tras la derrota y el
resultado de sus impugnaciones, pasó poco menos de dos años sin hacer
vida política.
MARCELO EBRARD
GUARDÓ SILENCIO DURANTE MESES
En mayo del 2011, Marcelo Ebrard le propuso al PRD realizar una encuesta para definir a su candidato a la Presidencia.
El 15 de noviembre, reconoció el triunfo de su contendiente a Andrés Manuel López Obrador.
Contenido, el Jefe de Gobierno invitó a la izquierda a construir el
futuro, habló de unidad e invitó a las corrientes del PRD a terminar con
las rencillas internas. Días después, en actos públicos, aseguró que
era la mejor opción y lamentó que las encuestas no le hubieran
favorecido.
Luego vino el silencio y no habló más de la candidatura o la campaña,
a pesar de que el candidato lo invitó a sumarse a su eventual gabinete,
como Secretario de Gobernación.
El 8 de mayo, Ebrard finalmente anunció que se sumaría a la campaña. Habían pasado seis meses desde su derrota.
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