Querida bebé, el sábado nos han dado una noticia de esas extrañas que te hacen querer bailar hasta cansarte y llorar a lágrima, moco y baba hasta que salga todo el dolor, sólo para tomar aire y volver a llorar. El sábado nos dijeron que te vas a vivir a Mérida.
Debo decir que el anuncio me llenó de dos emociones: quise abrazar a tu papá y decirle cuán orgullosa estoy de él y de lo que está logrando en la chamba; quise decirle que tu abuelo estaría sumamente orgulloso de sus logros y que seguramente también sentiría esa mordidita de dolor porque se van. Pero al mismo tiempo me sentí como perro en el Periférico y quise llorar hasta no poder más.
La cosa es que no nos toca darles más angustias, sino apoyarlos en estos momentos porque el paso que van a dar es grande. Y si nosotros sentimos dolor, seguro que tus papás están en un momento difícil que tendrán que afrontar con sólo un resultado: te volverás emeritense. Vas a hablar con un acentito raro.
Ya tendremos tiempo de recordar cómo le hacían burla a tu papá con su acento cuando era pequeño y entenderás muchas cosas: tú vas a hablar como boshita y te vas a ver linda con huípil, pero eso no disminuye la pena de que vamos a dejar de verte mucho tiempo y nos vamos a perder parte importante de tu vida.
Y es que, nena, desde el año pasado las cosas se han estado moviendo mucho y parece que no van a dejar de moverse jamás.
Tú llegaste en medio de todo el jaleo y nos iluminaste el cielo con tus ojos enormes. No me parece en balde que naciste el mero 28 de agosto, porque naciste con una mirada sabia, profunda, y unos ojos enormes que querían deprenderlo todo y enseñarnos una nueva manera de ver el mundo. Naciste con la sabiduría de un alma vieja y llegaste a acomodarlo todo.
Y cuando te vi y me miraste, debo decir, jamás pensé que iba a enamorarme perdidamente de una niña, a menos que fuera mía, pero lo hice: quedé embobada contigo. Y así sigo.
Sé que todo esto va a beneficiarte y que más adelante tú ni siquiera te vas a acordar de estos nueve meses que serás chilanga. Pero aun así, pequeñita, no puedo evitar la tristeza de que te vayas.
Por lo pronto, que tú papá me pidiera que sea tu madrina de bautizo me iluminó. Será un honor, pequeña.
Pero como no se trata de darle sólo a la tristeza, sino de darte ánimos y generar recuerdos que te llenen de ilusión, debo decirte que vas a ser la boshita más linda del mundo, y que yo voy a saer la madrina de bautizo más feliz de la tierra. Gracias, nena, por tus sonrisas y por todo lo que nos falta para crecer juntas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario