jueves, 7 de abril de 2011

DIARIO PARA EMMA - LAS ABUELAS

Querida pequeña, tienes dos abuelas, dos que se desviven por ti y a quienes tu mirada y tu sonrisa les cambia la vida. Es que les llegaste como un regalo el mero 28 de agosto, el día del abuelo, que, desde al año pasado, se instituyó en la familia como el día de las abuelas felices de la grloriosa Emma Sofía.
Tus dos abuelas son de tamaño compacto y muy trabajadoras. Ambas son gritoncitas y muy cariñosas. Pero cada una tiene su carácter.
Tu abuela Mica, la mamá de tu mamá, se tiñe el cabello de rubio y lo usa muy cortito, como sus faldas. Usa tacones altos y sigue trabajando. Ella es muy sensible. Llora con facilidad y es muy difícil que se pare el torrente cuando ha empezado. así se desahoga cuando las cosas le duelen en el alma. Como cuando tu abuelo Salvador estaba enfermo y ella se salió de la casa para llorar a moco tendido. También cuando se casaron tus papás, no pudo contener las lágrimas: era una mezcla de felicidad con un triste recuerdo. Y no te quiero contar cuando tus papás les avisaron que venías en camino. La sola noticia de que ya estabas allí, en la panza de tu mamá, le soltó la lágrima a tu abuela Mica. Ella, la verdad, me recuerda mucho a mi abuela Queta, tu bisabuela, que lloraba de tristeza, lloraba por ira y lloraba de alegría.
Tu abuela Graciela, Greisi para los cuates, es muy natural: ni se pinta el cabello ni usa maquillaje; es muy reservada para vestirse, muy tradicional y se ruboriza con las groserías. Le gusta el tequila y no llora. Por lo menos no en público desde hace muchos años. Cuando tu abuelo Salvador se enfermó, ella se puso como desconcertada, nomás, parecía que la habían lampareado, pero no derramó una sola lágrima. Ella dice que no le corresponde desmoronarse, sino ser un apoyo para todos.
Y sí, así ha sido desde siempre: fue el soporte de su familia cuando tu bisabuelo tuvo problemas; ella solitita mantuvo a toooodos sus hermanos y a sus papás. Después, cuando se casó con tu abuelo, ella se encargó de mantener la casa y apoyarlo en sus estudios. Ella trabajaba mucho y luego en casa no descansaba. La recuerdo siempre escribiendo a máquina la tesis de tu abuelo. Ella fue el soporte principal de él para que se volviera abogado. Y vaya que aguantó. También se mantuvo de una pieza cuando tu papá estuvo en el hospital de bebé, lo que ya te conté de la ictericia, y cuando más tarde tuvo un accidente que casi nos lo arrebata muy temprano. No la vi derramar una sola lágrima. Eso sí, el día que se murió tu abuelo sí la vi llorar, sólo un poco y en privado. Después se mantuvo íntegra. Así se mantiene, llora un poco en secreto y sale recompuesta a dar su mano para apoyarnos.
El día que tus papás nos dijeron que se van a vivir a Mérida, estoy segura de que sintió un golpe en la boca del estómago, como yo, pero se aguantó las ganas de llorar.
Este, querida Sofía, es un esbozo de tus dos abuelas: son dos seres diferentes que se complementan y que, seguramente, serán piezas fundamentales para que entiendas dos perspectivas de un solo evento. De su mano, Emma, te lo aseguro, vas a descubrir un mundo maravilloso.

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