miércoles, 6 de abril de 2011

DIARIO PARA EMMA - YEMMITA

Nunca supe de dónde sacaron tus papás la combinación de tus nombres, pero me pareció excelente. Emma Sofía. Dios con nosotros y la sabiduría. A mí, la verdad, me gusta más Sofía, pero a tus papás les gusta Emma.
Yemmita, así comenzaron a decirte los papás de tu mamá, tus abuelos. Y no voy a negarte que al principio no me gustó, pero luego lo pensé mejor. Y sí, tiene razón de ser, porque te pusiste amarillita, amarillita no bien habías cumplido un día.
Nos diste un buen susto, porque, como sea, uno no puede suprimir los recuerdo así nomás. Claro, eso también fue señal de que eras, definitivamente, Ferreiro.
Es que, déjame contarte, tu papá nació así, amarillo, y nos dio un tremendo susto. Bueno, yo tengo recuerdos como difusos. Pero sí puedo decirte que salimos de la casa en la madrugada para llevarlo al hospital. También me acuerdo que fue la primera vez que vi llorar a tu abuelo Salvador. Pasamos la noche en vela en el hospital, esperando a que nos dijeran que tú papá se había mejorado y ya nos fuimos a la casa. Bueno, a mí me llevó mi Tío Leoncio, tu tío abuelo, a la casa de tus bisabuelos, y allí me dejó. No recuerdo mucho más, pero tu papá pronto comenzó a dar lata y a exigir que le dieran su comida con la misma vehemencia que tú, así que todo debió salir bien.
Tu abuelo Salvador también tuvo ictericia al nacer; y dicen que sí se puso mal, que tu bisabuela Trinidad sufría mucho cuando él estaba enfermo. Y el fantasma amarillo lo alcanzó hasta el final. Es que se volvió a poner amarillito cuando ya estaba muy enfermo, antes de morirse.
¡Por eso no gana uno para sustos! Imagínate cómo nos asustamos cuando nos dijeron que estaban amarillita. Afortunadamente sólo fueron unos pocos días. Recuperaste el color, nosotros recuperamos el resuello y tú te has puesto cada día más hermosa. De esos días sólo te queda bien el nombre: Yemmita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario