Una imagen de mi papá en cuclillas, dándome a tomar agua de coco, encendió el fuego.
No existía una fotografía, era una transparencia y con ella, gracias a mi mamá, descubrí varias imágenes de mi infancia que tenía perdidas: mi mamá y yo en Coatzacoalcos... Mi papá haciendo esfuerzo por cargar a sus dos hijos, yo bastante crecidita y jetona, por cierto. Yo, de pocos meses y jetona, en brazos de una mamá muy jovencita y sonriente.
Pero la que más me ha llegado es una en la que estoy sola, con un vestido azul tejido, calcetas blancas y zapatos de bota blancos con la punta llena de mugre... Peinada, mirando al frente, adelante de una vieja televisión en la que, me han contado, solía esconder cosas como el reloj o la cartera de mi papá.
Me veo y me redescubro y descubro que, sí, es real, es cierto, me amo; amo a esa niña que viene a rescatarme...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario