sábado, 14 de diciembre de 2019

A Panchavín

El 16 de diciembre sería el cumpleaños de mi papá. Hoy recupero de Facebook los textos que escribí mientras me preparaba para el adiós.

Me propuse, entonces, hacer un retrato de mi padre tejiendo, bordando, uniendo recuerdos.

Van en orden cronológico de publicación. Entrecomillo, porque me estoy citando...

"buscaba mi alma con afán tu alma, buscaba yo la virgen que a mi frente tocara con sus labios dulcemente en el febril insomnio del amor... como en la sacra soledad del templo, sin ver a dios, se siente su presencia, yo presentí en el mundo tu existencia, y como a dios, sin verte te adoré... Ésta era la canción favorita de mi abuela trinidad"


"dice mi papá que mi abuela le cantaba la canción mientras lo llevaba en su vientre y luego a lo largo de la vida... mi abuela murió el año que yo nací... mi papá decidió, por eso, que yo llevara este nombre, soy la única en una enorme familia que se llama así... y sí, él me cantaba la misma canción cuando mi mamá estaba embarazada... hoy mi papá ya no canta, su voz se apagó muchísimo.."

"cuando tenía cuatro años me operaron por primera vez las amígdalas y los adenoides... mi papá no estuvo todo el tiempo, porque tenía clases... mi pobre madre era quien se llevaba todo mi coraje... luego aparecía él, con algún regalo... me llevaba un muñeco, una sonrisa y una canción... yo le pedía que me llevara de allí y acusaba a mi mamá... hoy no me lo puedo llevar a la casa"

"Llegó a la Ciudad de México cuando iba a cumplir 6 años, en diciembre. Su primera vista fue por donde hoy es la delegación Cuauhtémoc. Lo llevaron a vivir a casa de la tía Maclovia. Dice que lo que más le causó admiración fue el alumbrado navideño. En Tuxtla Gutiérrez no había nada igual. Llegó para empezar la primaria, que entonces el curso escolar iniciaba en enero."

"Junto a la casa de la tía Maclovia estaba la cárcel de Gobernación, desde el techo se veía el patio, dice, y cuenta que le aventaba fruta a los presos. En esa casa aprendió a andar en bicicleta, siempre me dijo que era un pasillo enorme, pero cuando fuimos a que me mostrara la casa donde creció, no podía creer que el lugar fuera tan pequeño."

"La tía Maclovia tenía una casa de huéspedes, de eso vivía. En ese sitio conoció a cualquier cantidad de gente. Quien más le impresionó, fue un negro del que no recuerda el nombre, sólo que era tan negro, que se despintaba cuando sudaba. Dice que la tía lavaba la ropa y el tipo dejaba negros los cuellos. Yo digo que el tipo, aunque fuera muy negro, era un cerdo y no se lavaba bien el cuello. Le arranqué una sonrisa..."

"Su primer robo fueron unas monedas del bolso de la tía. Con ellas compró un avión en la farmacia de enfrente. Era un avión sin chiste, pero a él le causaba mucha ilusión. Ahí, en la esquina de las Artes y Serapio Rendón se puso a aventarlo. La tía lo descubrió y el dulce del juguete se volvió amargo castigo. Después, dice, sólo le robaba besos a las muchachas... también le robó el corazón a mi mamá."

"Siempre lo escuché cantar tango y comparto ese gusto con él. Dice que cuando tenía 10 años mi otro tío, Jorge, compró un tocadiscos. Era una maletita que en la tapa tenía la bocina y en la base la tornamesa. Sólo tocaba discos de 45 revoluciones. El primero era de Carlos Gardel. Tenía la figura del Morocho del Abasto en negro, abajo era verde y arriba amarillo. "Tenía Caminito"... de allí que la cantara tan bien."

"De sus primeros cinco años de vida en Tuxtla Gutiérrez le quedaron tres cosas: la pobreza, el mamey (o zapote rojo) y el chicozapote... el gusto por los dos últimos se le quedó toda la vida. De la primera pasó con mucho trabajo y con el orden y administración que mi mamá impuso. Hoy en la mañana no quería desayunar, sólo aceptó tomar un licuado de mamey... El zapote rojo hasta en las últimas."

"Al lado de la casa de la tía Maclovia vivía la mamá de TinTán... dice que cada domingo aparecía el cómico en su Cadillac rosa y que el encargado del lugar era responsable deque nadie se le acercara al auto... Él aprendió rápido que no debía tocar esa belleza y se sentaba en el quicio de la casa de la tía Maco a observar, embelesado, el vehículo..."

"Luego llegó a San Pedro de los Pinos. Ahí iba a la primaria. También ahí tuvo su primer amor: una maestra que todos los días llevaba una coca-cola de la que bebía y le dejaba el resto a quien se portara mejor: Participaba en todas las clases y estudiaba sólo para poder pegar sus labios donde la maestra había posado los suyos... Cabroncillo desde chiquillo"

"En la casa de San Pedro también recibió la noticia de que mi tía Magaly se casaba. Llegó ella muy contenta a contárselo a mi abuela de la mano de Fernando. Mi papá vio cómo un pretendiente de la tía que estaba de visita tomaba una botella de tequila y la bebía de un solo trago. Lo vio caer, inconsciente, al piso. Así de cabrón fue su primer encuentro con el desamor."

"Hizo la secundaria en la Anexa a la Normal. Vivía de lunes a viernes en casa de la tía Maco y el viernes, saliendo de clase, se iba a casa de su mamá. El fin de semana con Trinidad lo volvía chípil. De San Pedro se iba en un SanPedro-Colonia Roma- San Cosme. El domingo en la tarde agarraba sus cosas y se iba. Dice que se recargaba en la ventana y le daban muchas ganas de llorar durante el regreso"

Llegó al edificio de calle 15 a los 13 años. Luego luego se hizo amigo de los cabulillas del barrio y le echaban mala onda a las estiradas del 115. En esa casa siempre hacían las posadas y era la única que tenía televisión. El papá de las Olvera trabajaba en el gobierno y era lapidario. Tallaba las piedras preciosas como nadie. Eso le dio para pagar la carrera comercial de las tres grandes: Rebeca, Graciela y Rosalba"

"Don Luis acostumbraba echar la casa por la ventana en cada fiesta de 15 años. Graciela estaba ensayando el vals de malas, no quería fiesta, dice, pero su papá la obligaba. Y para colmo, dos vaguitos se subían a la barda a molestarla y a burlarse de ella. Ella, dice, sólo apretaba la mandíbula... le creo, todavía lo hace cuando tiene ganas de matar o cuando no sabe qué hacer... como ahora"

"Un día la tía Margarita le llegó con un chisme: que Salvador te va a hablar, pero no es de fiar. Su papá no vive con su mamá y se junta con los hijos de la portera... Ahí empezó todo: uno siempre se encapricha con lo que le prohíben. Le dijo que sí. Ella tenía 16 y empezaba a trabajar en su carrera comercial. Él, apenas 14 y era, decía mi abuela Enriqueta, un vago sin oficio ni beneficio. Son 50 años juntos."

"Entre la casa de los Olvera y la de los Ferreiro había un metro de separación y un vacío de 15 metros. Ella llegaba de trabajar y decía que no tenía hambre para subir a platicar con él desde la recámara. El primer beso que le dio, dijo él, fue un malabar. Se paró en la orilla de la azotehuela, se colgó del barandal, se estiró, y se recargó en el pretil de la ventana de Graciela. Hubo muchas mariposas en el estómago."

"De la secundaria le salieron dos inquietudes: quiso ser maestro normalista, pero le dijeron que los maestros se mueren de hambre; entonces quiso ser soldado, pero le dijeron que un sardo en la familia jamás... Su única opción era estudiar derecho, como su padrino... por cierto, no sé cómo se llamaba su padrino"

"Entró a la prepa 6, mascarones, y se acercó más a su padrino... estando en la 6 conoció el mar... fue, por cierto, con el padrino... fue a Acapulco... Era Semana Santa... dice que era una locura... nunca quiso llevarnos a la playa en esas vacaciones, pero él, de verdad que se veía bien en las fotos... con pantalón corto claro, camisa de manga corta y abierta... era muy guapo"

"También en la prepa se metió al grupo de teatro... recuerda clarísimo su participación en El Rey se divierte... le gustaba repetir "He llegado al siniestro recodo de la vida"... Otro divertimento era la cara que pusieron cuando se negó a hacer playback: cantó la Donna e mobile a capela y encantó a todos con su voz... De ahí, dice Leoncio, se le quedó el apodo de Galán... así le sigue llamando..."

"Lo malo que que así como las ganas de actuar, también se le pegó la rebeldía: no iba todos los días a la escuela... y mi abuela lo cachó... dice que no hubo opción... lo mandaron como a todos los demás cuando les querían hacer sentir el infierno: a Coatzacoalcos, a trabajar en la fábrica de camisas de mi abuelo... No sólo aprendió a trabajar con la cortadora, también aprendió a convivir con sus hermanas"

"Concha tiene la misma edad. Se acuerda de que hacían dueto mientras ella estaba en la máquina de coser y él tendía la tela... otra cosa que hicieron juntos fue abollar el carro de mi abuelo... Mi papá, dice, le enseñó a manejar, pero tuvieron un error de cálculo al llegar y le dieron un pequeño golpe... Don Leonardo los castigó y les quitó las llaves..."

"Otra cosa que aprendió en Coatza fue a ir a los bailes: sacó a bailar a una muchacha, dice, y la regresó a su lugar en cuanto se acabó la pieza... casi ocasiona un conflicto: no sabía, dice, que se acostumbraba a bailar toda la tanda... así que los hermanos de la muchacha se hicieron los ofendidos... nunca supe cómo salió de esa..."

"Remedios, Herminia y Maclovia... ellas son las mujeres que guiaron la vida de mi abuela Trinidad. En la casa de la tía Maclovia vivieron sus hijos cuando llegaron a la ciudad de México. De allí, de la San Rafael, corrijo, se fueron cerca de la Industrial, para estar cerca de Remedios. Era una casa sola, de dos plantas... chiquita, pero muy mona, dice la tía Magaly"

"En Chiapas, la casa donde vivían era del profesor Agripino, con él compartían un patio común. La pobreza, sí, siempre fuimos pobres, dice Magaly, pero eso sí, subraya, nunca nos faltó una buena alimentación. No había para zapatos, pero siempre había leche sobre la mesa..."

"En la casa del profesor Agripino al principio no había estufa. Prendían un fuego en un área delimitada por tres piedras. Leonardo o Magaly, los más grandes, lo hacían. Después llegó una estufa de petróleo... tenía un plato donde se embrocaba el frasco de combustible y de allí salían las mechas, de asbesto, explica, que corrían hacia las hornillas. Se dejaba correr el petróleo y se prendía la mecha"

"Tenía 15 años cuando empezó a ir a la Plaza México con los cabulillas de San Pedro. Vio torear a Luis Procuna, a Miti, a Silvetti y a Capetillo papás. También le tocó ver al Soldado. Se colaban, dice, cuando podían... y si no podían, compraban boletos de sol general y de allí se descolgaban hasta abajo. A veces hasta la barrera."

"Vio a un matador hacer el imposible: tomar la muleta en ayudado y, cuando embestía el toro, voltearla y darle la espalda al astado... También vio a Procuna en su despedida: fue la mejor corrida... y mira que era un matador extremoso: o hacía una faena increíble, bien plantado y entrándole a todo, o simplemente corriendo del toro..."

"Vio a varios matadores hacer el teléfono, poner el codo en el testuz del animal y recargar la oreja en el puño. No sé por qué de ahí le dio por ser torero. Y empezó a practicar en la México los martes y los jueves; hasta tuvo un traje de luces, negro y oro, que le dio algún cabulilla. Le gustaba tanto vestirse de café, que me extrañó que no fuera tabaco y oro: no tuve opción, quién sabe de dónde se lo había robado"

"A la México fui de su mano. Siempre me prometió llevarme a los asientos encima de toriles: la emoción es mucha, sientes las pisadas del animal, hueles la adrenalina del toro y del torero. Eso, precisamente, lo alejó de la fiesta: alguna vez hasta estuve en el callejón. Es impresionante sentir las pisadas del toro, oírlo golpear las tablas. Decidí que mejor estudiaba."

"En la casa se respiraba UNAM. Su número de cuenta empezaba con 61. Al principio le dio comezón y faltaba mucho a clases. No sé cómo se enteró mi abuela, pero se le apareció el diablo. Allá fue doña Trini con Lilia de la mano a preguntar. Con tan mala suerte que justo ese día sí estaba en la escuela. Se escondió en el rincón más lejano de Mascarones, pero el hoyo en la panza era sólo un aviso de la tormenta que venía."

"En la casa de la tía Maclovia vivía Federico Domínguez. Alquilaba un espacio al fondo, detrás del patio de servicio. Fue padrino de confirmación y guía toda la vida. Por él estudió Derecho. El licenciado Domínguez era una figura constante. De su mano conoció el mar, a su lado comió profiteroles, con él aprendió a manejar. No recuerdo cómo murió, pero sí recuerdo que no había visto a mi papá llorar por algo así antes."

"Nació prematuro, con apenas ocho meses de gestación... estaba grave y desde ahí empezó a dar batalla... Se agarró a la vida... así también lucho al final. Le habían dado sólo una semana. Nos regaló un mes extra. Gracias, papá"


martes, 11 de junio de 2019

El discurso del abogado

El abogado defensor de cualquier acusado tiene un mandato único: proteger a su cliente cueste lo que cueste y, si se puede, librarlo de una sentencia ejemplar... si no, procurar que la honra y la dignidad salgan lo menos raspadas.

El abogado de Emilio Lozoya Austin, exdirector de Pemex, ha transitado ese discurso como un camino con hartos escollos.

Lejos quedaron los días de la baladronada, cuando un tímido Santiago Nieto se convirtió en Santiago Niño de Varas al dar a conocer las investigaciones de la Fepade en contra del funcionario peñanietista.

En ese primer embate, Lozoya Austin y su abogado, Javier Coello, lograron el objetivo: defenestraron a Nieto y se colgaron la medalla de víctimas; estaban siendo acusados en falso por un caso --el de Odebrecht-- que ni la Procuraduría General de la República quería revisar.

Hace un mes, cuando se dieron a conocer las primeras acusaciones de la Fiscalía General de la República, hoy a cargo de Alejandro Gertz Manero, Javier Coello tomó todas las llamadas telefónicas de la prensa con voz atronadora para dejar saber que estos funcionaruchos no iban a amedrentarlos.

Pensaba, ¡pobre!, que podía hablar del caso Odebrecht y frío se quedó cuando supo que no era por ese, sino por el otro, por el de Altos Hornos de México y la planta de nitrogenados.

Bajó todavía más su temperatura cuando vio al director de Altos Hornos de México, Alonso Ancira, esposado y detenido tan pronto llegó a Mallorca, ¡vaya!, ni tiempo le dieron de ponerse bloqueador solar.

Coello pasó, en entrevista al aire, de decir que los expedientes estaban mal conformados y que se les iba a caer el teatrito a decir que ninguna decisión en Pemex la tomaba su cliente solo, sino que había un consejo y que estaban enterados, también, Luis Videgaray, Pedro Joaquin Coldwell e Ildefonso Guajardo... y, si mucho lo apuran, también estaba enterado el presidente Enrique Peña Nieto, porque "no se tomaba una decisión en este país sin que él estuviera enterado". Ni por error se le ocurrió decir que su cliente era inocente.

Pedro Joaquín Coldwell e Ildefonso Guajardo ya salieron a lavarse las manos; Videgaray se perdió en el espacio.Peña Nieto presume romance y no está para hacer caso de nadie. Lo dejaron solo, pues, y ha de defenderse como pueda.

Ahora, con todo y suspensión definitiva, el cliente de Coello eligió ser prófugo de la justicia, porque, dice el abogado, no habrá justicia, sino patíbulo, porque, clama en cuanto espacio noticioso le ponen enfrente, todo mundo sabe que su cliente no ha huido nunca de una audiencia legal, pero ahora hay una persecución.

Omite el abogado que antes su cliente estaba protegido y ahora, por el cruel destino, el actual fiscal no va a dejarlo escapar.


Bajó el tono de voz, bajó el histrionismo, bajó el volumen, pero amenaza: va a entregar un informe detallado de los enterados de la situación de Pemex; va a dar nombres y cifras, y anticipa que estará incluido Luis Videgaray en el documento... Videgaray y varios más, apunta con el dedo.

Porque deben detallar, dice, la situación de Pemex cuando su cliente fue director; van a decirle al gobierno actual cómo entregaron la petrolera y le van a marcar la ruta de cómo la dejaron perder por decisiones que avaló el gobierno de Peña Nieto... porque el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene derecho, dice el abogado en su discurso, de saberlo todo.

El discurso del abogado ya no clama la inocencia de su cliente y la ineptitud de los antes funcionaruchos; va, supongo, a salvar un poco de dignidad y honra.


martes, 4 de junio de 2019

Los niños con falda, las niñas con pantalón

Subí al transporte público, tomé un lugar al fondo, saqué hojas, marcador y me puse a leer. Un poco adelante subió una pareja de adolescentes.

Él usaba el uniforme de alguna secundaria técnica; ella, un vestido rosa mexicano que no ocultaba una barriga a punto de turrón; el ombligo, como cereza de pastel, sobresalía de la barriga.

Se sentaron junto a mí y se tomaron de la mano; ella recargaba su cabeza en él y él le acariciaba la barriga. No hablaban, pero de alguna forma se comunicaban.

Ella, entonces, me pregunto: ¿vienes estudiando? Sí. ¿Qué estudias? Un texto de tanatología y enfermos con VIH . ¿Qué es tanatología..? Le expliqué y soltó ¿Pero no estás ya muy grande para estudiar?

"Tengo 50 años, no sé si estoy muy grande, estoy segura que tengo más años que tú mamá, pero estoy estudiando algo que me gusta", le respondí y le pregunté: "Tú, ¿qué estudias?"

Nada, me respondió, "no estoy estudiando porque estoy esperando que nazca el bebé. Mis papás dicen que no vale la pena invertir más en mí, que mejor van a cuidar a mi hermano y la familia de Felipe lo va a apoyar para que él siga estudiando y nos mantenga".

No dije nada más, pero, de veras, a la luz del revuelo que se ha armado por el hecho de que los niños van a poder usar falda para ir a la escuela y las niñas van a poder usar pantalones, me pregunto: ¿No es más importante que los niños adolescentes reciban educación sexual seria para frenar los embarazos adolescentes?, ¿no tendríamos, como sociedad, que estar haciendo algo para que la historia de estos dos no se repita?

Ustedes, ¿qué están haciendo para impactar en su círculo cercano?

jueves, 9 de mayo de 2019

La foto perdida

Una imagen de mi papá en cuclillas, dándome a tomar agua de coco, encendió el fuego.

No existía una fotografía, era una transparencia y con ella, gracias a mi mamá, descubrí varias imágenes de mi infancia que tenía perdidas: mi mamá y yo en Coatzacoalcos... Mi papá haciendo esfuerzo por cargar a sus dos hijos, yo bastante crecidita y jetona, por cierto. Yo, de pocos meses y jetona, en brazos de una mamá muy jovencita y sonriente.

Pero la que más me ha llegado es una en la que estoy sola, con un vestido azul tejido, calcetas blancas y zapatos de bota blancos con la punta llena de mugre... Peinada, mirando al frente, adelante de una vieja televisión en la que, me han contado, solía esconder cosas como el reloj o la cartera de mi papá.

Me veo y me redescubro y descubro que, sí, es real, es cierto, me amo; amo a esa niña que viene a rescatarme...