El abogado defensor de cualquier acusado tiene un mandato único: proteger a su cliente cueste lo que cueste y, si se puede, librarlo de una sentencia ejemplar... si no, procurar que la honra y la dignidad salgan lo menos raspadas.
El abogado de Emilio Lozoya Austin, exdirector de Pemex, ha transitado ese discurso como un camino con hartos escollos.
Lejos quedaron los días de la baladronada, cuando un tímido Santiago Nieto se convirtió en Santiago Niño de Varas al dar a conocer las investigaciones de la Fepade en contra del funcionario peñanietista.
En ese primer embate, Lozoya Austin y su abogado, Javier Coello, lograron el objetivo: defenestraron a Nieto y se colgaron la medalla de víctimas; estaban siendo acusados en falso por un caso --el de Odebrecht-- que ni la Procuraduría General de la República quería revisar.
Hace un mes, cuando se dieron a conocer las primeras acusaciones de la Fiscalía General de la República, hoy a cargo de Alejandro Gertz Manero, Javier Coello tomó todas las llamadas telefónicas de la prensa con voz atronadora para dejar saber que estos funcionaruchos no iban a amedrentarlos.
Pensaba, ¡pobre!, que podía hablar del caso Odebrecht y frío se quedó cuando supo que no era por ese, sino por el otro, por el de Altos Hornos de México y la planta de nitrogenados.
Bajó todavía más su temperatura cuando vio al director de Altos Hornos de México, Alonso Ancira, esposado y detenido tan pronto llegó a Mallorca, ¡vaya!, ni tiempo le dieron de ponerse bloqueador solar.
Coello pasó, en entrevista al aire, de decir que los expedientes estaban mal conformados y que se les iba a caer el teatrito a decir que ninguna decisión en Pemex la tomaba su cliente solo, sino que había un consejo y que estaban enterados, también, Luis Videgaray, Pedro Joaquin Coldwell e Ildefonso Guajardo... y, si mucho lo apuran, también estaba enterado el presidente Enrique Peña Nieto, porque "no se tomaba una decisión en este país sin que él estuviera enterado". Ni por error se le ocurrió decir que su cliente era inocente.
Pedro Joaquín Coldwell e Ildefonso Guajardo ya salieron a lavarse las manos; Videgaray se perdió en el espacio.Peña Nieto presume romance y no está para hacer caso de nadie. Lo dejaron solo, pues, y ha de defenderse como pueda.
Ahora, con todo y suspensión definitiva, el cliente de Coello eligió ser prófugo de la justicia, porque, dice el abogado, no habrá justicia, sino patíbulo, porque, clama en cuanto espacio noticioso le ponen enfrente, todo mundo sabe que su cliente no ha huido nunca de una audiencia legal, pero ahora hay una persecución.
Omite el abogado que antes su cliente estaba protegido y ahora, por el cruel destino, el actual fiscal no va a dejarlo escapar.
Bajó el tono de voz, bajó el histrionismo, bajó el volumen, pero amenaza: va a entregar un informe detallado de los enterados de la situación de Pemex; va a dar nombres y cifras, y anticipa que estará incluido Luis Videgaray en el documento... Videgaray y varios más, apunta con el dedo.
Porque deben detallar, dice, la situación de Pemex cuando su cliente fue director; van a decirle al gobierno actual cómo entregaron la petrolera y le van a marcar la ruta de cómo la dejaron perder por decisiones que avaló el gobierno de Peña Nieto... porque el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene derecho, dice el abogado en su discurso, de saberlo todo.
El discurso del abogado ya no clama la inocencia de su cliente y la ineptitud de los antes funcionaruchos; va, supongo, a salvar un poco de dignidad y honra.
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