"Nos vemos a la salida", soltó cuando iba sentándose, después de que la regañó la maestra. No era la más grande del salón, pero se veía maciza y era ruda.
Mi pecado había sido no soplarle bien la respuesta en la clase de inglés de segundo año de secundaria. Su pecado era haberse creído que mi apodo era cierto: "enciclopedia ambulante" me decían cada vez que podían y no era un elogio.
En fin, no podía escabullirme de semejante compromiso, me adelanté y me escondí. Llegó con cinco niñas más (la escuela era sólo para mujeres). Si sola me daba miedo, con cinco más definitivamente se me hicieron de chicle las piernas. Pasaron algunos minutos y comenzaron a cansarse de esperar, tomé aire, así fuertemente mi mochila cargada de libros y corrí como loca hasta donde estaba, alcé la bolsa y se la sorrajé en la cara.
No me detuve, seguí corriendo como alma que lleva el diablo hasta mi casa. Lo que pasó con ella no lo sé, pero puedo imaginarlo: era miércoles, no fue jueves ni viernes a la escuela y el lunes llegó con la cara un poco morada, por decir lo menos. Nunca más volvió a meterse conmigo y nunca más volví a pelear (si así se le puede llamar) en la escuela. Eso sí, siempre recé para que su mamá no fuera, nunca, a quejarse con la mía porque se me iba a armar en serio.
Es la primera vez que cuento esta historia. Casi 30 años después, mi mamá no lo sabe y no sé si voy a contárselo ahora, porque estoy segura de que no me voy a salvar de un jalón de orejas, por lo menos... y entonces, además, me habría dado dos o tres zapes y me habría obligado a disculparme con la acosadora. Y me acordé tanto de ella anoche...
***
Empezaba a cuajarme cuando unos gritos destemplados me arrancaron del aletargamiento.
"¡¡¡PERROS!!!, ¡¡¡ANIMALES!!!, ¡¡¡BESTIAS DE SATANÁS, DEJEN DE PELEAR!!!"...
Contraviniendo cualquier precaución, abrí la ventana y me asomé. En la misma acera de mi casa, pero cruzando la calle, un grupo de muchachos se tundía en serio. Eran como 20 chamacos (es un decir, fácilmente tenían más de 20 años, pero menos de 30) dándose hasta con la bolsa, porque la bola incluía a varias jovencitas....
Estaban en lo suyo, partirse la madre, mientras mi vecina gritaba como loca, pero no le hablaba a la patrulla. Ella es mamá, pero ninguno de sus hijos vive allí. Ahora entiendo por qué...
El encontronazo de cruzando la calle seguía a todo y de entre el amasijo de brazos, puños, piernas, cabezas y bolsas se desprendió un muchacho que corrió a apretar el botón de pánico que está en la esquina.
Mi vecina seguía gritando como loca, el joven regresó a la bola y antes de terminar de contar 30 segundos llegó la primera patrulla. Le siguieron otras varias y entre todos separaron a los muchachos.
Mientras varios agentes operaban para apartarlos, uno de los peleoneros se acercó a un agente y metió la mano a la bolsa trasera del pantalón, en un amago de sacar un billete ... Con sus manitas atrás lo tomaron del cinto y lo echaron a la camioneta.
Y empezó el desfile de chamacos: en una camioneta los jóvenes, en otra las jóvenes.
Habían pasado casi 45 minutos de jaleo y sólo cuando estaban detenidos aparecieron algunas señoras a pedir por sus hijos: "ándele, no sea malito, déjelo ir, él es buen muchacho, nunca hace esto, por favor", rogaban las señoras....
Mientras las veía de pedigüeñas, me pregunté por qué no bajaron a llevarlos de las patillas a sus casas y los llamaron al orden; por qué no les pegaron tres gritos para evitar el jaleo, en vez de pedir que los dejaran ir, para que otro día pudieran volver a las andadas...
Y ya si no es mucho pedir, por qué no los llevaron, al día siguiente, casa por casa, a disculparse con los vecinos por no dejarlos dormir (digo, uno trabaja y se levanta temprano y le gusta dormir bien).
***
Y mientras me quejo, me parece de pronto que lo que pasa en mi esquina es un reflejo fiel de lo que pasa en el país, en general...
Algunos metiches nomás miramos, otros gritan desesperados y no hacen nada y las mamás salen a defender a sus chamacos que no supieron educar para que no se metieran en líos...
A propósito, ¿dónde andará la mamá de Genaro García Luna, para que lo saque del rincón donde está escondido y que lo ponga a darnos una explicación por todo lo que pasó el fin de semana (si se puede, mejor por el sexenio) y a disculparse por la mala calidad de su gestión?
martes, 28 de agosto de 2012
lunes, 27 de agosto de 2012
La ironía de apellidarse Armstrong
Ahora con la muerte de Neil Armstrong me acordé de aquello de que el hombre nunca llegó a la luna y que los alunizajes del
Programa Apolo fueron simulados.
No, no quiero convencer a nadie de la verdad o falsedad de
esos argumentos, pero me parece un buen momento para recordar a todos los
detractores que nunca pudieron, con todos sus esfuerzos, quitarle una pluma al
gallo de Armstrong.
Para abrir boca, la Flat Earth Society (Sociedad de la Tierra Plana) afirmó que
las imágenes enviadas por los astronautas son falsas, pues muestran una Tierra esférica
cuando nuestro planeta… adivine, es plano.
El movimiento Hare Krishna ha publicado artículos en los que
sostiene que el alunizaje es imposible, puesto que la Luna está más lejos de la
Tierra que el Sol, de modo que los astronautas no podrían haber llegado allí en
tan poco tiempo.
Otros sostienen que las imágenes muestran a la bandera ondeando. ¿Cómo es posible, afirman, si no
hay atmósfera y por lo tanto no hay viento?
La
bandera no ondea. Hay porciones del video de más de dos minutos en los que se
ve la bandera totalmente quieta. Cuando se ve sólo una foto, puede parecer que
está ondeando, pero los videos demuestran que no es
así.
Las sombras muestran que había más de una fuente de luz, es
decir, focos en un estudio de grabación. Por supuesto que hay más de una fuente
de luz. La Tierra es
mucho más grande vista desde la Luna que la Luna desde la Tierra, y además
tiene mayor albedo…¡sin contar con que no hay atmósfera que absorba parte de
esa luz! Los astronautas estaban iluminados por el Sol, la Tierra e incluso la
Luna: aunque no es muy reflectante, sin atmósfera la luz del Sol se refleja lo
suficiente en el suelo como para iluminar algo las cosas desde abajo. Además, muchas de las fotos son de gran angular. Puede
parecer que las sombras no paralelas demuestran más de una fuente de luz
cuando no es así.
Hay imágenes del estudio en el que se grabó todo, con los
astronautas en él… y la NASA nunca ha negado la existencia de esa “simulación”.
Sospecho que parte de la culpa de que exista este mito está en que alguien vio
esas fotos y pensó que la NASA sostenía que eran de la visita a la Luna.
La NASA hace muchas pruebas antes de llevar a cabo sus
misiones: cada movimiento está ensayado y entrenado muchas veces, en un entorno
lo más parecido posible a la realidad. Las fotos en cuestión están tomadas
tiempo antes de la misión, y la NASA nunca ha tenido ningún problema con
admitirlo.
Si Neil Armstrong fue el primero en salir del módulo, ¿quién
lo filmó a él desde abajo? Ésta es fácil: hay una cámara montada en una de las
patas del módulo, como en todos los demás que se han enviado, y hay imágenes de
esa cámara.
Y al final esto es sólo porque no dudaría, ni un segundo,
que quienes han dicho que el hombre nunca llegó a la luna estén convencidos -dulce ironía- de que Armstrong, al morir, se fue al cielo…
domingo, 26 de agosto de 2012
¡Buena suerte, señor Armstrong!
Este fin de semana, dos Armstrong llenaron los espacios noticiosos: los dos marcaron el inicio de una época; las noticias que los envuelven son una sorpresa.
Por un lado, la sorpresa de que Lance Armstrong fue despojado de sus siete títulos de la Tour de France, después de que venció al cáncer de testículo y que soportó el rompimiento de su relación con la cantante Sherryl Crowe (en realidad no sé si lo soportó o lo aplaudió, pero siempre pone un poco de candombe incluir asuntos del corazón).
El deporte de salir a andar en bici debe tener muchas implicaciones económicas, supongo, porque no me explico de otra manera tan sorpresiva decisión que, vale decir, no es única: la historia se repite, pues.
El affaire Armstrong - Agencia Estadounidense Antidopaje me hizo recodar el caso de Graeme Obree, conocido como el Escocés Volador, quien rompió dos veces el récord mundial de la hora, en julio de 1993 y abril de 1994. La segunda vez, por cierto, el récord se lo arrebató Miguel Indurain algunos meses después.
Obree era conocido por sus posiciones inusuales para conducir la bicicleta y por su "viejo fiel", la bicicleta que construyó con algunas partes de una lavadora.
El caso es que Obree no era del agrado de algunos funcionarios del deporte y la Unión Ciclista Internacional prohibió el uso del Viejo Fiel, hecho en casa, y modificó las reglas de manera absurda, para que Obree no colocara las manos como mejor se acomodaba. Ya después el propio Obree diseñó otra postura que lo colocaba totalmente alejado del manubrio (¿así se llama?) y que también fue prohibida.
Vaya, pues, que la historia demuestra que la competencia más encarnizada en el ciclismo no está en las pistas, sino en el escritorio.
Ojalá Armstrong no padezca la misma enfermedad de Obree -depresión crónica- y que su vida sea llevada -como la de Obree- a una película que tenga mejor suerte que los canales de televisión de paga...
¡Buena suerte, señor Armstrong!
El otro Armstrong
En este caso tengo que robarme la anécdota que más me ha encantado del señor Neil Armstrong, recordado por siempre como el primer hombre en pisar la luna, que lanzó un enigmático mensaje al llegar al satélite natural de la tierra.
Dice la leyenda que el astronauta del Apolo no sólo lanzó su frase famosa (que no voy a repetir porque me cae gorda), sino que después hizo varios comentarios a los otros astronautas de la tripulación y al centro de control y de repente soltó un: "Buena suerte, Mr. Gorsky".
Cuando volvió a la tierra, y en el ambiente de la guerra fría que privaba en la época, Armstrong fue inquirido múltiples veces por el significado de ese mensaje, pero el astronauta se negó a revelarlo.
Ya cansado de sólo sonreír por respuesta, el 5 de julio de 1995, en Tampa Bay, Florida, Armstrong fue nuevamente interrogado por su misteriosa frase y por fin dio una explicación.
El señor Gorsky había muerto y el astronauta sintió que podía, por fin, romper un viejo secreto.
Dicen los que lo cuentan mejor que yo que Armstrong explicó que, siendo niño, mientras jugaba beisbol en el patio trasero de su casa, un amigo lanzó la pelota con tal fuerza que golpeó en la ventana del dormitorio de sus vecinos. Subrepticiamente, el pequeño Neil se coló al jardín y se agachó a recoger la bola mientras escuchaba a la señora Gorsky gritándole a su marido: "¿¡Sexo Oral?!... ¿quieres sexo oral? Tendrás sexo oral cuando el niño del vecino se pasee por la luna".
Vaya a saber si lo dijo o no, y vaya a saber si la aclaración posterior es real o no, pero lo cierto es que me parece delicioso recordar de este manera al otro señor Armstrong, que vaya usted a saber si está caminando por alguna nube o simplemente, como energía, ni se creó ni se destruyó, simplemente se transformó.
¡Buena suerte, señor Armstrong!
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