domingo, 29 de abril de 2012

Dos años después

Cuando perdemos a alguien querido entramos en un proceso de duelo.
El manual de neurofisiología indica que el impacto, el estrés de la pérdida, dispara el triángulo de neurotransmisores: la adrenalina que nos mantiene alertas, para saber qué hacer y cómo reaccionar y reaccionar a tiempo; la serotonina que nos ayuda a mantener el estado de alerta desatado por la adrenalina; y la dopamina, que se libera de golpe cuando la situación nos enoja... y luego cae de golpe. Este proceso físico, que realmente ocurre en el cerebro, tarda de 21 días a seis meses en pasarse.
Las emociones desatadas, cómo reaccionamos antes de la partida y después, las cosas que nos decimos o que te dijimos, dice el manual de psicología, se tardan dos años en sanar. Elaborar el duelo, le dicen los tanatólogos.
Esta tragedia, la de pertderte, papá, requiere inexcusablemente que reconozcamos públicamente cuánto nos ha dolido tu ausencia, que atravesemos un proceso de duelo tocando nuestras emociones, por más dolorosas que sean.
De acuerdo con la academia de la lengua, duelo viene del latín "dolum", dolor; pero también significa un tipo formal de lucha o combate.
Dios no nos pone frente a sucesos que no podamos afrontar. En su inmensa, infinita sabiduría, no nos da a masticar lo que no podamos tragar... sólo que cada quien masca a su tiempo y a su manera.
Omar y Monse, papá, están entretenidos con Emma, tu nieta. Ella crece, más que crece, florece bella, pero como en la naturaleza, una planta virtuosa está rodeada de hierba viciosa y la pequeña tiene el genio atravesado. Vaya, sobre el muerto las coronas: sacó tu temperamento.
Yo, cada día tomo frases y actitudes tuyas, y no aprendo. Las relaciones públicas no se me dan y cambio de trabajo con alguna facilidad. Del temperamento, mejor no hablamos... lo intento, trabajo, pero no me sale.
Eso, papá, en la cotidianidad, pero a veces hay cosas que nos sorprenden, casi como señales. El viernes una marimba se apostó debajo de la ventana de la recámara de mi mamá. Como hace dos años, empezaron tocando Las Chiapanecas.
Y allí es donde viene la lucha interna: la ausencia duele, el recuerdo de la situación lastima, pero yo decido qué sigue: continuar sufriendo o recordar tu sonrisa...
Esa marimba, mamá, no era para llorar, era para recordar que nos congregabas, que nos unías alrededor tuyo, que te teníamos físicamente, sí, pero hoy te seguimos teniendo de otra manera.
Porque estabas fuera y ahora habitas en lo más profundo de cada uno de nosotros, en nuestra memoria emocional y en nuestros recuerdos.
Qué queremos: ¿sufrir porque ya no estás o celebrar que viniste, viviste y dejaste algo especial en cada uno?
Dice la academia de la lengua que duelo viene del latín dolum, dolor, y dice también que duelo es un tipo de lucha formal.
En la vida, para aprender, para crecer, el dolor es obligatorio, es el camino para florecer...
Sufrir, sufrir es opcional, sufrir es decisión de cada uno.
Yo prefiero pensar que Dios, en su infinita sabiduría, te dejo con nosotros el tiempo exacto para aprender, para deprender lo mejor de ti y celebrarte. Gracias, papá, por tus sonrisas y Gracias Dios por dejarte en este mundo 64 años para compartir tu amor y sembrar una semilla en cada uno de nosotros.

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