domingo, 18 de noviembre de 2012

el hoyo y las hormigas

Caminado por la Del Valle, al bajar de una banqueta, mi pie izquierdo hizo un movimiento contra natura: Un hoyo disfrazado por la pintura amarilla del paso de cebra me provocó una torcedura justo al bajar la acera.
Lo único que me impidió llegar a saludar a las hormigas fue el brazo atento y veloz de mi marido que se cubrió de gloria y me detuvo a tiempo; me apoyó y me llevó hasta el otro lado del arroyo vehicular, donde elegí recargarme en un poste, respirar, reponerme y evitar que se me salieran las lágrimas.
Toda la tarde estuve sintiendo dolor y pensando en las trampas para peatones que hay en la ciudad.
Árboles y tocones que levantan el pavimento; excavaciones para el gas, excavaciones para poner zapatas para postes nuevos, agujeros en los pasos peatonales, agujeros hechos por la compañía de luz, agujeros de la compañía de teléfonos, agujeros de las obras del Gobierno del Distrito Federal...

***

Panchavín solía salir a correr todas las mañanas; antes de que el sol iluminara la ciudad, salía a la calle con su perro y recorría San Pedro de los Pinos.
Construían el Distribuidor Vial San Antonio y en un agujero de la obra fue a dar con toda su humanidad. En sus palabras, sintió que perdió el piso, cayó, golpeó con su hombro en una orilla del agujero y cayó cuan largo era en algo que parecía una tumba, porque cupo, eso contaba, acostado boca arriba.
Cuando reaccionó Kadaffi, su perro, lo miraba con ojos de susto desde arriba y él no podía salir de allí. Intentó mover el brazo derecho y apoyarse en él para incorporarse y no pudo... un dolor fortísimo le hizo darse cuenta de que algo no andaba bien...
Luchó con su brazo izquierdo -y era diestro- para salir del agujero que sólo dejaba fuera su cabeza y como pudo regresó a la casa.
De ahí, al médico: fractura de húmero: un mes sin mover el brazo y seis meses de terapia física... más el dolor y la angustia...

***

Circulábamos una vez en Bucareli cuando un auto que corría adelante de nosotros nos avisó de la presencia de un bache que era el papá de los bachecitos... Mientras nos cambiábamos de carril, el auto tuvo que orillarse porque se rompió su suspensión del tremendo golpe que se llevó.
El conductor se bajó mentando madres y hablando por teléfono.
Afortunadamente, pensé, el gobierno capitalino sabe la condición de la superficie de rodamiento y tiene un programa para pagarle a los conductores que averían sus autos en los baches... la cantidad de requisitos es lo de menos, hombre, el caso es que años después del daño, sabes que van a pagarte a precio anterior lo que haya pasado con tu carro...

***

Todo eso pensaba cuando se me ocurrió preguntarme si a los peatones que nos lastimamos en algún bache nos pagarán por el daño...
¿cuál es la ventanilla, digo yo, a la que hay que acudir para cobrar por la angustia, por el dolor, por el médico, por las radiografías, por el susto?
Si tal ventanilla existe, ¿también tendré que sacarle fotos al bache abusivo y fotos al pie en el sitio de la torcedura?
Si tal ventanilla no existe, ¿no que el gobierno capitalino está preocupado por hacer de la ciudad un sitio amable con los peatones?
Ahora que, pensándolo bien, para que te paguen el daño del auto, tienes que comprobar que no hay multas en tu contra, que no debes tenencias y que tienes todo en orden...
Mejor que no me paguen por el daño en el pie, no sea que me vayan a querer cobrar un impuesto por caminar y otro por cruzar en pasos de cebra seguros... Y lo malo no es eso, sino que vayan a echar a andar un programa de verificación peatonal para hacer válido mi derecho de tener una ciudad segura para todos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario