Hoy vi el anuncio de un novedosísimo dispositivo de la Secretaría de la Seguridad Pública del DF para agilizar el flujo vial y evitar atorones por horas.
Se llama Crucero dinámico y para hacerlo funcionar algunos oficiales de tránsito se encargan de que los conductores se paren antes de los pasos peatonales y no obstruyan las bocacalles.
Por alguna razón misteriosa me acordé de los Cruceros de Cortesía, dispositivos de alta tecnología que fueron implementados para evitar los atorones y agilizar el flujo vial. En estos, además de los oficiales de tránsito, había unos círculos rojos surcados por diagonales blancas que costaron hartos bilimbiques en materia prima y mano de obra.
Al final de cuentas, ambos esfuerzos están dirigidos a un fin común: que los conductores respeten el paso peatonal y el cruce de los autos que circulan por otras calles... que los conductores tengan la mínima educación cívica, que respeten, en resumen, el reglamento de tránsito.
En efecto, el artículo 4 del Reglamento Metropolitano de Tránsito establece las sanciones por no respetar el paso peatonal: una multa de 650 pesos que, si se paga en los primeros días, se reduce a 350 pesos. Por no respetar la luz roja o por obstruir el bocacalle, el artículo 66 establece una sanción pecuniaria de 5 días de salario mínimo.
Entonces, si ya están en el reglamento y sabemos que nos puede costar, ¿por qué no respetamos las reglas? Parece que somos ciudadanos en plena adolescencia, necesitados de pilmama que se cerciore de que hacemos las cosas y de que no atentamos contra nosotros mismos.
Porque sí, al pararnos donde no debemos no sólo faltamos al reglamento de tránsito, ponemos en riesgo nuestra integridad física: ¿qué tal que un huey viene hecho la duro y se nos estampa de ladito?, ¿qué tal que el huey al que le estorbamos en realidad es un guarro que sale más cabrón que bonito y nos sorraja un disparo? ¿Y qué tal que le estorbamos a una persona con discapacidad que sufre un accidente gracias a nuestra falta de educación?, ¿y si se muere alguien que debía llegar al hospital sólo porque no se nos dio la gana quitarnos?
Medio metro es medio metro, dicen los gañanes que no respetan las distancias; en materia de respeto a la vida no vale ni un segundo... en materia de respeto a las señales de tránsito no vale ni un pestañeo...
Porque sentimos que somos de avanzada si no respetamos las reglas, porque creemos que sabemos más que los que las hicieron y sentimos que quienes las respetan son unos perdedores conformistas; pero si alguien nos aplica a nosotros la de romper las reglas nos sentimos ofendidos y clamamos a los cielos que un rayo parta al perdulario que nos ha faltado al respeto, casi como si mancillara nuestra honra.
Porque si nos salimos con la nuestra, nos sentimos bien chingones: "A huevo", decimos, "la pinche tira me la pela"... Pero parecemos niños pequeños cuando algo nos pasa y hasta nos sale la fe más profunda: "Diosito, sácame de esta y te juro que no lo vuelvo a hacer".
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