domingo, 5 de enero de 2020

El Vaticano pide "una limosnita, por amor de Dios"


La Iglesia Católica Romana calcula que tiene una feligresía integrada por alrededor de 1,100 millones de personas en todo el mundo, y, por lo menos en septiembre de 2015, era un negocio que manejaba muchos millones de dólares.

Hoy, la Iglesia del Vaticano en México anuncia que echará a andar un programa para recaudar el diezmo entre sus feligreses, los mismos que han aportado millones de dólares para sostener un estilo de vida desparpajado, por lo menos entre los prelados de la alta esfera de este país.

¿Qué pasó con la riqueza de la Iglesia de Pedro, dónde quedó el oropel del Vaticano, a dónde se fueron las millonarias contribuciones?

En 2015, el Banco Vaticano reportaba que tenía alrededor de 8 mil millones de dólares en activos; sin embargo, esa institución financiera había protagonizado varios escándalos de corrupción desde su fundación, en 1942. El papa Benedicto XVI inició el proceso de limpieza de la institución y Francisco continuó ese trabajo.

Se supone que las cuentas bancarias de esta entidad financiera sólo las pueden abrir los residentes de la Ciudad del Vaticano y el personal de la Iglesia. Sin embargo, de acuerdo con Gerald Posner
—erudito del Banco Vaticano y el autor del libro Los banqueros de Dios— a menudo se otorgan a poderosos funcionarios italianos que buscan esconder su dinero sin pagar impuestos. En ese 2015, estaban registradas 33,400 cuentas, aunque había cancelado más de 4 mil para intentar erradicar la corrupción.

El Vaticano es una entidad separada del Banco Vaticano y también atravesó un proceso de limpieza en 2014. Cuando publicó su estado financiero en julio de 2014, aseguró que poseía más de 1,100 millones de euros en activos que antes no estaban en el balance general.

El Vaticano tiene dos entidades principales: la Santa Sede, que gobierna la Iglesia Católica y el Estado de la Ciudad del Vaticano, que gobierna la Ciudad del Vaticano. En 2014, la Santa Sede comunicó que tenía un déficit de 25.6 millones de euros, a pesar de que recibió más de 50 millones de euros del Banco Vaticano. Ese año, su mayor gasto fue el pago de 126.6 millones de euros a sus 2,880 empleados. El Estado Vaticano, responsable de la gestión de los Museos Vaticanos, tuvo un superávit de 63.5 millones de euros, casi el doble que el de 2013.

Para mejorar sus finanzas, el Vaticano comenzó a alquilar la Capilla Sixtina para eventos particulares. En octubre de 2014, la compañía Porsche alquiló por primera vez este espacio. Cuarenta aficionados de la firma automotriz pagaron 5,900 dólares cada uno para asistir a una gala bajo el techo pintado por Miguel Ángel.

A pesar de que al visitante común sólo se le permite una estancia corta en la capilla por temor a que se dañen los frescos, los clientes de la empresa alemana disfrutaron de un concierto coral privado y una cena en el lugar sagrado.

Con todo y el ingreso económico por este acto, el Vaticano niega que se celebrase. "La Capilla Sixtina no se puede alquilar, ya que no es un lugar comercial, sino que se puede mostrar a grupos privados", declaró el portavoz del Vaticano, Paolo Nicolini.

En una iglesia acostumbrada a cobrar por casi todo, convertirse en santo no es gratis ni barato. Por ejemplo, el santuario y basílica de Nuestra Señora de la Victoria de Lackawanna (Nueva York, Estados Unidos) ha recaudado más de 250,000 dólares para intentar el proceso de canonización con su difunto sacerdote, el padre Nelson Baker.

Estos fondos se emplean en publicar materiales y estampitas del padre Baker, establecer comunicaciones entre la iglesia y el Vaticano, los gastos de viaje para ir y venir de Roma y los honorarios de un abogado canónico.

El costo de la canonización puede variar mucho en función de la duración de los trámites y la evidencia específica necesaria para demostrar que un candidato puede obtener la santidad. En este caso, el primer intento de canonizar a Nelson Baker se produjo en 1987 y el caso se aprobó en 2011, pero Nuestra Señora de la Victoria aún tiene que demostrar que el religioso obró milagros.

Por si fuera poco, las visitas turísticas al Vaticano se han triplicado desde que Francisco reemplazó a Benedicto en marzo de 2013. Más de 12 millones de fieles han acudido a actos con el papa y fuera del recinto hubo otros 13 millones de visitantes. En comparación, Benedicto XVI recibió a alrededor de 20.5 millones de personas durante todo su papado, entre 2005 y 2013.

Sin embargo, la miel se fue de la luna y en 2019 se anunciaba que las finanzas del Vaticano están en números rojos y que podría quedar en quiebra absoluta para 2023. Como resultado de este colapso, los empleados están en riesgo de perder sus pensiones, de acuerdo con el libro Juicio universal, de Gianluigi Nuzzi, que incluye 3 mil páginas de documentos confidenciales que afirma haber recopilado desde 2013.

El libro también establece que, debido a la crisis de abusos sexuales, las donaciones al Vaticano se han reducido en 2018 a 51 millones de euros, cuando en 2006 se recibían 101 millones de euros.

El texto de Nuzzi fue descalificado por el Vaticano. Nunzio Galantino, presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), apuntó que no hay “peligro de impago”, pero reconoció que existe la necesidad de revisar gastos, “y eso es lo que estamos haciendo”.

El libro afirma que los problemas financieros del Vaticano se deben a la mala gestión de APSA sobre su cartera de inversiones y sus propiedades inmobiliarias.

Nuzzi revela que los documentos que obtuvo prueban que de las casi 3 mil propiedades de la APSA, 800 edificios están vacíos, y otros están ocupados, pero no producen recursos. “La Santa Sede tiene propiedades […] por un total de 2 mil 700 millones de euros en todo el mundo”, pero la mala gestión resultó en una pérdida de 25.1 millones de dólares en 2018.

Otro factor que afecta la estructura financiera de la Santa Sede es la corrupción; los continuos escándalos de manejos turbios y de abuso de los recursos de la Iglesia por altos miembros de la curia romana. Desde Roberto Calvi, el banquero del Vaticano que apareció ahorcado en un puente de Londres en 1982. También está el caso de monseñor Paul Marcinkus, protegido por Juan Pablo II de la justicia italiana, al darle un escondite en el Vaticano, pese a que sus dos principales aliados de la mafia lo encubrieron por operaciones financieras turbias.

Desde hace 40 años hay desconfianza sobre el Vaticano por lavado de dinero, al grado de que la Unión Europea endureció medidas. Y hay escándalos vergonzosos, como el de Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI, quien construyó y remodeló su lujoso apartamento –que incluyó una piscina– en Roma con los donativos para un hospital de menores con discapacidad. También figura el cardenal australiano George Pell, hoy en prisión por abusos sexuales a menores, quien fue encargado de la reforma financiera impulsada por Francisco. Hay informes de que este prelado gastaba en comidas en restaurares caros, viajes en primera clase, confección de sus trajes en casas exclusivas.

Un largo etcétera de estos escándalos ha minado la autoridad y autenticidad de una estructura que aparentemente perdió el sentido de su misión, pero también ha afectado los ingresos del Vaticano y de la Iglesia Católica Romana en general.

Las diócesis tradicionalmente ricas, que aportaban cuantiosos recursos, han disminuido drásticamente sus contribuciones, argumentando, además, las diferencias ideológicas con Francisco, que han manifestado públicamente.

Así, el Vaticano se encuentra al borde de la insolvencia. En mayo de 2018, el Consejo para la Economía advirtió que se renovaba “la preocupación por el déficit que afecta a la Santa Sede y se considera que se debe informar al Santo Padre de lo siguiente: el déficit es recurrente y estructural, ha alcanzado niveles preocupantes, con el riesgo de provocar la insolvencia a falta de acciones urgentes”.


En resumen, el Vaticano y el Obispo de Roma preparan una campaña para pedir "una limosnita, por el amor de Dios".

No hay comentarios:

Publicar un comentario