miércoles, 27 de noviembre de 2013

Soy Roja, y qué

Hellboy es mi personaje favorito... Ese demonio rojo, que fuma puro, bebe cerveza (le gusta la Tecate), dice malas palabras y usa una coleta estilo samurai me parece la neta.

Y me parece la neta porque creo que el bien no puede vivir en orfandad del mal y el mal no puede existir sin el bien.

Más allá del tan llevado y traído y manoseado ying y el yan, que es una representación gráfica de esto, creo que no podríamos distinguir una acción que nos conmueva el corazón si todos pasáramos la vida metiéndole el pie a los otros para hacerlos tropezar sólo por placer. Y una si así fuera, ese placer es una sensación que nos haría sentir bien, por lo cual se rompe la permanencia del mal por sí mismo.

Por lo que hace a ser bueno-bueno todo el tiempo, no creo que exista alguien así en el mundo. En todo caso, apelo a San Álvaro Carrillo (el héroe de Pinotepa), que bien dijo en su canción El lunar: "Si vieras qué terrible resulta la gente demasiado buena, como no comprenden, parece que perdonan, pero en el fondo siempre nos condenan". Y aun allí, en el acto de condenar sin comprender, está su maldad.

En materia de superhéroes, Superman es un ñoño, por lo menos lo era, porque con esas vueltas que dan los retorcidos escirtores para placer de sus lectores, uno nunca sabe en qué etapa de la vida emocional de los superhérores se encuentran ahora, pero en mis tiempos el chico de la ese al aire era bantante ñoñales. Incluso defendía al presidente de Estados Unidos sin reparar en gastos porque creía que era lo correcto. Boy scout, le decían... y sí, pasaba la vida reivindicando cada acción del gobierno de Estados Unidos, aun cuando fuera la muerte de seres humanos que esa nación consideraba enemigos.

 Batman me cae gordo porque tiene dinero pero no sabe divertirse. Está amargado y no sabe reírse. No me importa que use su dinero en crear artefactos que pueden ser usados en el rescate de personas y el combate al crimen, si todo lo hace de malas y no tiene tiempo de sonreírle a la gente que rescata ni a la gente que trabaja con él.

En materia de la vida diaria, me da lástima la gente que no sabe reconocer sus errores. La gente que carece de autocrítica y cree que hace todo bien, incapaz de reconocer que nadie sino ella tiene la responsabilidad por lo que le pasa me produce un profundo sentimiento de lástima. ¿A dónde van a llegar si no son capaces de reconocer sus errores y corregirse? ¿Cuál es su destino, si no son capaces de ajustar el camino, porque parecen creer que el camino está trazado y no pueden cambiarlo o ajustarlo o reconstruirlo?

Me gusta Hellboy.Prefiero un héroe que ha venido a México a combatir al crimen organizado y que uno que ni siquiera conoce México y cree que el Guasón es El Criminal. Pero más que todo, me gusta un ser que sabe que debe lijarse los cuernos y que debe usar un rosario para refrenarse y que sabe que tiene en sus brazos las llaves para abrir las puertas del infierno pero prefiere no usarlas.

Me gusta Hellboy porque prefiero pensar que soy mala, más mala que la hermana mala de Cruela De Vil y me reprimo y me freno de andar por la vida rompiendo las vajjilas mías y las ajenas y porque en verdad trabajo para ser así, aunque a veces (la mayoría) no me sale.

Me gusta Hellboy y deseo que haya más como él, que saben de lo que son capaces, pero prefieren guardarse, y creo que a este país le hacen falta, definitivamente, más personas que se lijen los cuernos que aquellas que se la creen de veras que no hacen nada malo pero se la pasan cagando diablos.